Presenta la muestra Celebraciones, donde refleja las tradiciones de las festividades judías. Reflexión, pedagogía y arte.»El arte es el último refugio de la espiritualidad”, dice el artista Pedro Roth, que acaba de inaugurar en la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes (Rufino de Elizalde 2831, Capital Federal) la muestra Celebraciones, que comprende catorce pinturas que buscan reflejar las tradiciones de las festividades judías. Roth, que ya había realizado exposiciones con una temática similar en Praga y Berlín, hace hincapié en la importancia que da el judaísmo a la celebración: “Que los judíos sean minoría en la mayoría de los países es una de las razones por las cuales los rabinos decían que sólo se podía rezar si había diez varones mayores de trece años. Era una manera de mantener unida la comunidad y combatir la asimilación”.Auspiciado por la fundación Museo de la Herencia Judía y el Grupo Veintitrés, la exposición se inauguró el 27 de junio y finaliza el 12 de julio. Allí se reflejan las festividades de Rosh Hashana, Pesaj, Iom Haatzmaut, Shabat, Januca, Purim, Iom Kipur, Shavuot, Simjat Tora, Lag Baomer, Sucot y el éxodo de Egipto. Además, se incluyen las pinturas de un rabino y una sinagoga. Todas las obras llevan la técnica de acrílico líquido sobre tela. Roth cuenta que trabaja con lapiceras de arquitectura y que utiliza los dedos para desparramar la pintura. Una intimidad del proceso creativo es que pinta en la cama “con una rutina rigurosa de 5 a 9 de la mañana. Creo que a la larga tiene que ver con los sueños que nunca recuerdo y plasmo en papel”, cuenta.En el catálogo de la exposición, Alma Fernández, curadora de la muestra, junto a Elías Acher analizan: “Si un artista es, según se dice, aquel que conserva sus ojos de niño, Roth logra con su singular estilo confirmar el dicho. El humor y el sufrimiento se confunden en este recorrido por las distintas festividades y tipos de la vida judía. Sus recuerdos personales viven en el animado y caótico colorido de las obras. Los rabinos oran y bailan en su infantil pueblo de Transilvania, luciendo los largos dedos que recuerdan al célebre vampiro Nosferatu; la dinámica de las imágenes tiene cierta secuencia de origen cinematográfico. Es, tal vez, la visión propia del arte contemporáneo la que el artista proyecta sobre el tiempo cíclico de las festividades de su pueblo”.Además de invitar a la reflexión, la muestra tiene un propósito pedagógico, por lo que cada pintura está acompañada de una breve explicación. Por ejemplo, en la obra “Sinagoga” el texto explica: “Es el centro de la vida religiosa judía. El judaísmo es una forma de vida principalmente comunitaria, en la cual el individuo debe juntarse con otros para constituirse plenamente como parte del colectivo judío. La sinagoga es el lugar de rezo, de estudio y de celebración de los momentos especiales en la vida personal y grupal. La esencia de la sinagoga no es un espacio físico sino un grupo de personas”.El artista nació en 1938 en Budapest, Hungría, y después de la guerra se mudó a Rumania. A la Argentina llegó en 1954, a los 16 años. Los recursos biográficos atraviesan toda la obra: “No son temas culturales en el sentido de que los viví de primera mano. No tuve que recurrir a libros o imágenes prestadas por otros artistas. El único recurso que utilicé fue mi propia memoria y el hecho de ser un habitual lector de la Biblia”. Algunos de los recuerdos que aparecen en la muestra son su familia reunida realizando el Séder de Pesaj, la pascua judía, antes de que Hungría entre a la Segunda Guerra Mundial o su abuela en el gueto de Budapest prendiendo las velas el viernes de Shabat, dando inicio al día santificado para el pueblo judío.En el plano personal su festividad preferida es Pesaj: “Me gusta vivirlo como si todos estuviéramos saliendo de Egipto. Es la fiesta de la libertad. En la pintura que integra la muestra se ve un hombre, el padre de familia, que con su mano abre las aguas del Mar Rojo. De esta forma, la mesa del Séder se vuelve un vehículo que cruza el mar. Como todas las fiestas judías incluye componentes de celebración y reflexión”.Unir la tradición con la contemporaneidad es uno de los objetivos que se propuso el artista a la hora de encarar la muestra. “Creo que hay un retroceso de la religiosidad. Vivimos en un momento donde la ciencia da respuestas más convincentes que la religión al hombre contemporáneo. Por eso desde la exposición y la reflexión de cada festividad hay una búsqueda de acercamiento con la comunidad”.
“Utilicé mi propia memoria”
08/Jul/2013
Revista Veintitrés, por D.M.